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Nos apasiona ver y explotar el máximo potencial que cada espacio tiene.

Esta es una de nuestras tareas favoritas a la hora de encarar un proyecto. El refaccionar tiene algunas ventajas que no tiene la construcción de cero, y éstas son:

Ahorro
Obviamente, tenemos una base estructural en la que ahorramos tiempo y material. Vemos una reducción de costos en la etapa dura de obra, pero en la etapa de interiorismo, la inversión es igual que en la construcción de cero.

Emoción
Podemos habitar esos espacios cargados de recuerdos y sentimientos, darle un nuevo valor y reinventarlo sin desecharlo. Descubrimos potenciales que nunca hubiéramos imaginado y la alegría al volver a esa casa nueva, pero propia a la vez, es indescriptible.

¿Dónde vamos?
Dependiendo la escala de la refacción debemos evaluar que haremos durante el desarrollo de la obra, nos quedamos a vivir allí y programamos una obra habitada o decidimos mudarnos hasta que se finalice. En el primer caso, abaratamos costos de alquiler y traslado, pero nos exponemos a un proceso más arduo y desgastante en el que tenemos que aprender a convivir con una obra. En el segundo, se disfruta de forma muy diferente el proceso, se hace mucho más ameno y nos sorprende más el avance y los cambios en cada visita que programamos.

Este proceso es hermoso y desafiante porque debemos respetar aquellas áreas que son sagradas y a su vez poder encontrar la forma de darle una prefiguración distinta sin que pierda la esencia original.